Todo empezó cuando Isa nos habló acerca de la movilidad Erasmus+ Lucca; nunca
había oído hablar de esto, y no sabía en qué consistía. En clase había dos chicos que ya
habían participado en esta aventura, y me impactó la felicidad que irradiaban cuando
hablaban de su experiencia, y me dije: “Yo quiero ir”.
Para poder participar, debías redactar una carta explicando por qué querías ir y qué podrías
aportar a esa movilidad.
Cuando sale la lista y mi nombre aparece en ella, fue un momento de emoción y subidón
total, pero no puedo negar que también surgieron dudas; pensaba en cómo sería compartir el
viaje con gente bastante más joven, a la que no conocía, con otras responsabilidades e
inquietudes… Pero desde ese momento me pongo a organizarme en relación a mi trabajo, a
mi familia, para no perder esta oportunidad.
Llegó el día. El encuentro en el aeropuerto. Allí me vi con compañeros de clase y otros a los
que no conocía de nada, pero todos estábamos en la misma situación, nerviosos y
emocionados; empezaba nuestra aventura.
Llegamos a Lucca, en el corazón de la Toscana; me impresionaron sus casas de ladrillo rojo, la
muralla rodeando y protegiendo las calles empedradas, esa paz y tranquilidad que te
transmite el pasear por su casco histórico. Parece que el tiempo allí se ha detenido; es un
lugar que te enamora.
Al día siguiente nos desplazamos a Viareggio, a conocer su carnaval; es algo impresionante,
espectacular, una experiencia inolvidable. Allí empezamos a crear un vínculo entre nosotros;
desde el trayecto en tren hasta la vuelta, pasamos todo el día juntos viviendo el carnaval
desde dentro, sintiendo el ambiente y la espectacularidad del desfile a escasos metros, un día
de interacción grupal que nos acercó, nos hizo conocernos más, conectar y aumentar la
complicidad.
La convivencia con el CPIA en Lucca me sorprendió; me llamó la atención el perfil de los
estudiantes, sobre todo que eran de diferentes nacionalidades. Fue un encuentro donde nos
presentamos, nos dimos a conocer, compartimos una merienda e intercambiamos
experiencias. Venían de una vida complicada, buscando un futuro mejor; asistían al CPIA
para aprender el idioma, buscando una integración laboral y social en Italia. Me hizo valorar
el gran esfuerzo que hacen, una actitud digna de admirar.
En Castelnuovo, un bonito pueblo medieval, rodeado de montañas, con calles de adoquines,
al que se accede por un precioso puente, asistimos al CPIA, donde compartimos con los
alumnos clases de italiano de diferentes niveles, una experiencia muy divertida, donde
trabajamos en grupo con ellos, intentando desenvolvernos de la mejor manera posible en
italiano, haciendo caso a Isa, dando nuestra mejor versión, saliendo de nuestra zona de
confort.
Nuestras visitas culturales nos llevaron a conocer, en Lucca: La Catedral, la muralla que
rodeaba la ciudad, la Torre Guinigi y sus árboles, la Torre delle Ore, la Plaza del Anfiteatro,
la casa de Puccini; en Pisa: la Catedral, el cementerio y, como no, su famosa Torre inclinada.
Imposible de olvidar la comida en aquel pequeño y acogedor restaurante donde nos
cocinaron en vivo, y nos atendieron de manera espectacular, haciéndonos sentir como en
casa, y además, la comida estaba buenísima. Cada sitio que visitamos, cada rincón, cada
calle, cada monumento… tenía un encanto especial; volvería sin dudarlo.
Todo esto me ha dejado un recuerdo inolvidable, pero sobre todo, compartir esta experiencia
con un grupo de personas, al principio prácticamente desconocidas, desayunar juntos, las
cenas grupales, los paseos, el karaoke, las charlas hasta bien entrada la noche, donde nos
fuimos conociendo, abriéndonos, ayudándonos, hizo que casi sin darnos cuenta formáramos
una familia; para mí ha sido el verdadero valor de este viaje. Me traje la maleta cargada de
sentimientos, emociones y de compañeros que siempre estarán conmigo.