Cuando sale la lista y mi nombre aparece en ella, fue un momento de emoción y subidón total, pero no puedo negar que también surgieron dudas; pensaba en cómo sería compartir el viaje con gente bastante más joven, a la que no conocía, con otras responsabilidades e inquietudes… Pero desde ese momento me pongo a organizarme en relación a mi trabajo, a mi familia, para no perder esta oportunidad.
Llegó el día. El encuentro en el aeropuerto. Allí me vi con compañeros de clase y otros a los que no conocía de nada, pero todos estábamos en la misma situación, nerviosos y emocionados; empezaba nuestra aventura.
Llegamos a Lucca, en el corazón de la Toscana; me impresionaron sus casas de ladrillo rojo, la muralla rodeando y protegiendo las calles empedradas, esa paz y tranquilidad que te transmite el pasear por su casco histórico. Parece que el tiempo allí se ha detenido; es un lugar que te enamora.
En Castelnuovo, un bonito pueblo medieval, rodeado de montañas, con calles de adoquines, al que se accede por un precioso puente, asistimos al CPIA, donde compartimos con los alumnos clases de italiano de diferentes niveles, una experiencia muy divertida, donde trabajamos en grupo con ellos, intentando desenvolvernos de la mejor manera posible en italiano, haciendo caso a Isa, dando nuestra mejor versión, saliendo de nuestra zona de confort.
Nuestras visitas culturales nos llevaron a conocer, en Lucca: La Catedral, la muralla que rodeaba la ciudad, la Torre Guinigi y sus árboles, la Torre delle Ore, la Plaza del Anfiteatro, la casa de Puccini; en Pisa: la Catedral, el cementerio y, como no, su famosa Torre inclinada. Imposible de olvidar la comida en aquel pequeño y acogedor restaurante donde nos cocinaron en vivo, y nos atendieron de manera espectacular, haciéndonos sentir como en casa, y además, la comida estaba buenísima. Cada sitio que visitamos, cada rincón, cada calle, cada monumento… tenía un encanto especial; volvería sin dudarlo.
Todo esto me ha dejado un recuerdo inolvidable, pero sobre todo, compartir esta experiencia con un grupo de personas, al principio prácticamente desconocidas, desayunar juntos, las cenas grupales, los paseos, el karaoke, las charlas hasta bien entrada la noche, donde nos fuimos conociendo, abriéndonos, ayudándonos, hizo que casi sin darnos cuenta formáramos una familia; para mí ha sido el verdadero valor de este viaje. Me traje la maleta cargada de sentimientos, emociones y de compañeros que siempre estarán conmigo.















.jpeg)


.jpg)

.jpg)
.jpg)


